Jamás imaginé que la frustración y la presión que sentía al estar cerca del chico que me gusta me provocaran caída del cabello, esto aumentaba mi estado de desesperación y los cabellos caían y caían, ya no sabía qué hacer. Había ocasiones en las que me sentía avergonzada porque no era un tema por el que debería sufrir efectos adversos. Hay personas que no tienen trabajo, que padecen alguna enfermedad o tienen  presiones económicas y están más tranquilos que yo cuando veo a este hombre. Lo sé, patética.

Todo empezó cuando cursaba mi último año de la universidad y en una de las clases donde integraban a alumnos de diversas carreras lo conocí. Yo estudiaba turismo y él finanzas, no era el clásico niño que me gustaba, pues tenía un cuerpo muy delgado, era alto, inteligente y con una voz muy grave. Cuando generalmente mis gustos van más por los músculos o un poco más robustos, pero este chico no apantallaba, no tenía nada en especial, aun así me sentía muy nerviosa cuando por casualidad me sentaba junto a él, cuando lo escuchaba hablar o cuando participaba en clase. No lograba identificar el por qué. Intentaba captar su atención en cada clase para que platicara conmigo, pues las palabras no lograban salir de mi boca y confiaba en que sí el iniciaba la conversación, todo podría fluir mejor. Pero nunca se atrevió, es como si estando en la escuela sólo le importara las clases y nada más.

Que mis técnicas fallaran, que no pudiera hablarle y que me pusiera nerviosa me estaba provocando que me sintiera presionada, aturdida. Una mañana mientras me cepillaba el cabello vi como grandes trozos de cabello se quedaban y eso me asustó demasiado. Corrí con mi mamá y le conté lo que estaba pasando. Me hizo preguntas sobre mi estado de salud, si me sentía mal, si tenía náuseas o si algo en la universidad me estaba molestando. No me atreví a contarle del chico pues era algo que no iba conmigo, que no era nada común. Así que mentí diciendo que quizá era por los exámenes y los trabajos extracurriculares, pero yo tenía todo en orden y mis calificaciones estaban bien, nada espectacular pero pasaba con más de siete. Lo único que estresaba a mi mente era aquel chico extraño que me aceleraba el corazón y me enmudecía. Por dentro gritaba lo que quería decirle, pero mis labios jamás se abrían.

El curso terminó y yo jamás le hablé, el tampoco conmigo. Incluso ni mis amigas supieron de esto, es como si el destino quisiera que nunca se encontraran nuestras vidas. Abandoné la universidad y el tiempo hizo lo suyo, las ansias se calmaron y ya no se me caía el cabello. Cuatro años después, como reportera en una revista de espectáculos me tocó entrevistar al vocalista de una nueva banda que estaba siendo todo un éxito en internet. No lo reconocí en fotos, pero al verlo sentado frente a mí en la cafetería donde iba a ser la entreviste supe que era el mismo chico que me había dejado sin habla. Y el silencio volvió…