Hace no muchos días, me encontré con un amigo dedicado a la venta de varillas para construcción y quien no veía hacia algunos años pero a quien iba a ver este mismo mes debido a que me había invitado muy cordialmente a su boda, una boda que al encontrarme con el aprovecho para decirme que desafortunadamente se había cancelado  ya que su ex futura de pronto cambio abruptamente de parecer.

Al escuchar esto, naturalmente me sorprendí y me sentí mal por mi amigo, sin embargo pronto me di cuenta que se encontraba bastante bien gracias a Dios, algo que me alegro mucho, ya que era muy sabido lo que quería mi amigo a aquella mujer quien me parece ser – sin saber en que estaba pensando- que perdió a una gran persona.

Estamos viviendo tiempos donde el matrimonio se esta convirtiendo en algo del ayer y en algo al parecer obsoleto para muchas personas en muchos lugares del mundo sobretodo en aquellos lugares conocidos por ser de los mas desarrollados.

Esto no es algo nuevo, sino que es un fenómeno que se ha ido desenvolviendo poco a poco desde que las elites que controlan el mundo de la pos guerra decidieron, como consecuencia de sus obscuras agendas, el desmantelar la institución de la familia para poder dar el siguiente gran paso para el cumplimiento de aquella meta impuesta por Adam perdida  en los lejanos días de finales del siglo 18 que nunca se había podido concluir hasta estos días.

La destrucción de la institución de la familia, como es lógico, debe de comenzar por la separación de sus fundadores o evitando que se junten los mismos para desarrollar dicho proyecto de vida, algo que les había sido imposible lograr –en muchos intentos- hasta que llego la década de los años sesenta y setenta del siglo 20, cuando el orden del mundo occidental se volteo al revés.

Fue en esta época cuando las mujeres escaparon de sus tendencias naturales y cuando los hombres quisieron convertirse en una masa nómada de “amor libre “  donde todas las mujeres podían tomar el rol de una sola, entrando en una existencia parecida a la de los animales ya que el instinto animal y trivial era algo que se impulsaba.

Si bien esta euforia de dos décadas de duración bajo de ritmo en los años ochenta, los principios hippie se quedaron grabados en las mentes de muchos que se convirtieron eventualmente en padres y madres de familia.

Debido a que aquellos principios se quedaron grabados en la mente y memoria de esta generación, hubo muchos divorcios como consecuencia en muchísimas parejas quienes habían vivido durante esta explosión de libertinaje, inculcando en sus hijos e hijas la idea que el matrimonio es una pesadilla que se debe de evitar de ser posible y creando una fuerte división entre el sexo masculino y femenino resultando en estas corrientes extra feministas de hoy en día en las hijas de aquella generación hippie, creando una nueva generación que verdaderamente esta llevando a cabo aquello había quedado en teoría.