Es muy común que por el tiempo que pasan juntas las personas en la escuela o en el trabajo, se lleguen a formar parejas o te pueda gustar alguien. En mi caso tuve una novia en la secundaria y en la preparatoria, que duraron lo que tenían que durar pero todo terminó. Lo que resta es soportar la incomodidad que puede llegar a hacerse presente cuando una relación de mediana o larga duración llega a su fin. Y así pasó, no volvimos a ser los amigos de antes y las cosas se pusieron tensas, así que preferimos cada quien estar por su lado, pese a que íbamos en el mismo salón. La distancia nunca era suficiente, los dos vivíamos con la incertidumbre si habíamos hecho lo correcto.

Después de esas dos experiencias decidí que estar con alguien con quien convives a diario puede no ser la mejor de las ideas, por lo menos en mi experiencia, quizá a otros sí les funcione. Así que preferí subir la guardia y no fijarme en ninguna chica que conociera en la universidad, a menos que fuera en una fiesta y que no estuviera en la misma escuela. Sí había mujeres extremadamente bellas con las que todo hombre desearía estar, pero era mejor apagar el deseo que soportar la incomodidad que se vive cuando todo termina, porque como siempre dice, nada es para siempre. El problema es que no sabemos cuándo llegara ese final.

Logré terminar la universidad sin fijarme en nadie y comencé mi vida laboral, pasaron un par de años en un mismo trabajo, me cambié a otro donde duré año y medio y fue al tercero cuando mi racha de imbatibilidad en enamorarme de alguien de un mismo lugar, terminó. Es que ella tenía un rostro que inspiraba ternura, una risa que deleitaba a los oídos o te invitaba a reír con ella, una sonrisa que iluminaba cada rincón del lugar donde estuviera, y así me puedo seguir alabando todo lo que me enamoró de ella. Porque pasó de ser un gusto a enamorarme, era terrible. Todo esto ocurrió cuando ella y yo nos encargamos de buscar empresas que se dedicaran a la renta de oficinas para unos clientes por dos días seguidos, ella y yo conviviendo en el mismo lugar, cara a cara, ahí mi corazón sabía que estaba jodido.

Lo peor de todo es que en fiestas ella había dejado en claro que no quería nada con ningún hombre, su última relación fue un fiasco y quería tomarse uno o dos años sabáticos del amor. Estaba muy convencida pues vi como rechazó a dos hombres con grandes posibilidades de conquistarla. Yo no llegaba a esos estándares, así que preferí mantenerme alejado. Hablaba con ella lo indispensable, apretándome el corazón para que dejara de sentir, lo cual era imposible.

En ocasiones siento como si ella fuera el amor de mi vida, pero otras pienso que está muy lejos de mi liga, que si intento algo con ella sólo recibiré un rechazo y sería lo peor en el trabajo, pues me encantaba mi nuevo empleo y no quería perder esa armonía que sentía por arriesgarme con alguien que sin duda me mandará a volar. Quizá lo mejor es esperar a que alguien más llegue a mi vida y olvidarla. ¿Pero y si es el amor de mi vida y la estoy dejando ir? ¿Ustedes que harían?